PASEO DE LANCIA

Promotor/es: 
Ayuntamiento de León
Fecha del proyecto: 
1934
Pº de Lancia
Pº DE LANCIA
Vista hacia poniente

Introducción

Los planos de la ciudad, elaborados en la segunda mitad del siglo XIX atestiguan la existencia de un jardín en la parcela triangular hoy ocupada por el Albéitar de la Universidad de León, que se conectaba con el parque de San Francisco mediante un paseo arbolado, coincidente con la actual calle Covadonga,
Este conjunto constituía lo que entonces se denominaba “salón urbano” o “paseo de invierno”, zona de esparcimiento de una ciudad encorsetada dentro de las murallas, constreñida a una abigarrada trama sin concesiones para el disfrute del contacto con la naturaleza.

Historia

Al comienzo del siglo XX, los planos del recién aprobado Ensanche reflejan que, entre su límite meridional y los terrenos antiguamente ocupados por el convento de San Claudio, queda libre una amplia franja de praderío, atravesada en dirección este-oeste por el paseo, llamado del Calvario, y el jardín decimonónico.
Tal como hoy la conocemos, esta área de la ciudad se remodela en 1934, cuando el Ayuntamiento opta por sacrificar el jardín para construir el Grupo Escolar Gumersindo de Azcárate, luego Facultad de Veterinaria, hoy Albéitar, como parte de la política republicana de promoción de la instrucción  pública a fin de evitar el monopolio en este campo de las instituciones religiosas, además de posibilitar el acceso a las clases más desfavorecidas.
La iniciativa desató una polémica muy ilustrativa de cómo, a veces, las buenas intenciones hacen el juego a intereses menos altruistas, por ambos lados.
El 23 de mayo de 1934, el Presidente de la Cámara de la Propiedad Urbana presenta en el Ayuntamiento un escrito apoyando una propuesta presentada por el Colegio de Arquitectos, firmada por su Decano, Juan C. Torbado, que plantea “con su Memoria y Planos” la conversión de la calle Lancia en un parque de 100 m de ancho que conecte San Francisco con Papalaguinda. De todos modos, el escrito genera ciertas sospechas sobre la verdadera intención de la iniciativa por el énfasis en la necesidad de que el emplazamiento del Grupo Escolar “se haga en sitio adecuado y respetando derechos sagrados e intereses que Corporaciones anteriores, con aprobación de un Plan de Ensanche en la parte Sur de la población, reconocieron a los dueños o propietarios de fincas rústicas enclavadas en dicha zona”. Esta mención final se refiere a la parcelación de San Claudio (1920).
Seis días después, la Federación Local de Sociedades y Sindicatos Obreros de la UGT presenta a su vez un airado escrito porque “no pueden los trabajadores leoneses permanecer más tiempo callados ante la campaña emprendida por quienes se han propuesto  impedir a cualquier costa la construcción en nuestra ciudad del Grupo Escolar “Gumersindo de Azcárate”. Como parte de la argumentación, se relata que hace 2 años las Cortes Constituyentes acordaron la construcción de un centro Escolar y el Ayuntamiento se ha esforzado en encontrar una parcela a pesar de la absoluta penuria de la hacienda municipal. Después de acusar a los ayuntamientos monárquicos de las carencias de la ciudad, manifiesta su preferencia por asumir “la sensible pero imperiosa resolución de restringir un poco más la zona pulmonar de la ciudad” por los beneficios “materiales y espirituales” que aportará el Grupo Escolar. Para la UGT, las propuestas para su reubicación simplemente escondían la intención inconfesable por parte de los “valedores del clericalismo” de evitar que “frailes y monjas no pierdan los pingües frutos de su industria ni el dominio de las conciencias infantiles”.
No era muy complaciente el sindicato socialista con el Colegio de Arquitectos al que acusa de incongruencia en la defensa de la “estética urbana” dado “su contumaz silencio ante los innumerables atentados al arte y al más elemental sentido urbanístico que ha padecido nuestra ciudad”.
En realidad, subyacen en este debate público las diferencias ideológicas en la asignación de prioridades; la izquierda defiende el derecho a la educación pública y laica y acusa a las clases acomodadas de anteponer a esa necesidad “el delicado proyecto del paseo de invierno”. La realidad es que la operación, que finalmente se consumó, también llevaba aparejada una pareja de lucrativas manzanas destinadas a edificios residenciales de promoción privada donde, tres décadas más tarde. se construyo la llamada “torre de San Francisco”, por poner un expresivo ejemplo.
No debía ser rencoroso Juan C. Torbado pues dos años más tarde estampó su firma en una petición al Gobernador Civil, de clemencia hacia los dirigentes socialistas condenados a muerte tras el golpe de estado de 1936, que fue tan inútil como onerosa, pues le impusieron una multa de un importe nada despreciable.
Así pues, la calle Lancia es el resultado de la eliminación de las dotaciones arboladas y ajardinadas del siglo XIX y la ocupación de la parte meridional de la franja entre el Ensanche y San Claudio, con el centro escolar y edificios privados. Si la propuesta del Colegio de Arquitectos se hubiera llevado a cabo, el espacio libre público tendría una anchura de 100 m; finalmente esa medida se redujo a 25.
No habría instalaciones docentes, o estarían en otro sitio, pero tampoco, edificios de vivienda privados.