PALACIO DE VILLASINDA

Promotor/es: 
Juan de Quirós (s. XVI), Telesforo Hurtado del Valle (s. XX)
Fecha del proyecto: 
1560-1664 / 1907
C/ Ancha nº 20
PALACIO DE VILLASINDA
Fachadas
  • PALACIO DE VILLASINDA
  • PALACIO DE VILLASINDA
  • PALACIO DE VILLASINDA
  • PALACIO DE VILLASINDA
  • PALACIO DE VILLASINDA

Introducción

Junto al palacio de los Guzmanes, se erigen las partes supervivientes de otro de los grandes edificios señoriales de la Edad Moderna, conocido como palacio de Villasinda por su condición de propiedad de dicho título nobiliario, entroncado con una segunda rama de los Quiñones.
Estas ostentosas mansiones se encuadran en el marco de la arquitectura promovida por estamentos aristocráticos que, a través de sus residencias, proclaman una posición social preeminente y la hacen patente, como se verá seguidamente, mediante la profusión heráldica.
La nobleza, fortalecida en el s. XIV con la entronización de la dinastía de los Trastámara, adopta dos centurias después un estilo arquitectónico foráneo, proveniente de Italia, que tiene como principal propósito la ruptura con el medievo, es decir, con el período histórico del que proviene su poder.

Historia

De cierta documentación relativa al palacio de los Guzmanes cabe deducir que, ya en 1566, existía la torre vecina, la que hace esquina entre la calle Ancha y la calle del Cid, que además muestra distintos rasgos híbridos, propios del primer tercio del s. XVI, aunque las obras de construcción se prolongaron largamente, hasta finales del segundo tercio del XVII.
De esta centuria se conservan tres contratos, fechados respectivamente en 1622, 1631 y 1664. Los  dos primeros, referidos a la reforma de distintas dependencias, y el tercero de cantería que debió ser muy importante por sus 19 meses de duración, la elevada cuantía económica, y la participación como artífice de Francisco Piñal, arquitecto de la Plaza Mayor entre 1668 y 1676. Probablemente podría tratarse de la torre superior.
En suma, el palacio debió alcanzar una configuración definitiva en el último tercio del s. XVII. Fuentes escritas reseñan que en su interior había un patio con columnas y dependencia de la planta noble estaban cubiertas con ricas techumbres de madera.
No duró mucho la prosperidad porque el edificio entró en un proceso de decadencia en el siglo siguiente, hasta que a principios del  XX fue adquirido por Telesforo Hurtado del Valle, que destinó una parte del mismo a hotel. Tampoco entonces hubo suerte pues, en su mayor parte, fue pasto de un incendio acaecido el año 1907, siniestro que dio lugar a una remodelación integral proyectada por el arquitecto Juan C. Torbado.

Descripción y análisis

La fachada principal, a la calle Ancha, constaba de los dos torreones y un cuerpo central más bajo, con una planta menos, y paramentos revocados, lo que invita a inferir que los muros no eran de fábrica de sillería. Su alzado se articulaba en tres franjas horizontales. La inferior de vanos rectangulares enrejados; la noble, con cuatro balcones entre los que se intercalan escudos señoriales, y coronados por frontones triangulares; la superior, más modesta, de ventanas convencionales, rematada con un alero de canecillos de madera.
Los torreones, cuyos muros exhiben una elegante caliza de color dorado, son bastante más distintos de lo que parece a primera vista. Para empezar, el inferior (izquierdo, mirando de frente) levanta un piso más, como consecuencia de la inclinación de la rasante de la calle Ancha. Distintos rasgos denotan una naturaleza híbrida, propia del primer tercio del s. XVI, destacando la portada en arco de medio punto compuesto de espectaculares dovelas enmarcadas, a modo de alfiz, por columnillas dóricas. Sobre la clave campa el escudo de los Quirós. En el lado que mira a la calle del Cid hay otra portada que muy probablemente se insertó a principios del siglo XX dado que dos accesos contiguos no tienen ningún sentido, además que el observador atento detectará unos sospechosos aplacados que taparían las inevitables cicatrices que se infieren a las fábricas de sillería al abrir un vano.
El torreón superior es necesariamente más tardío pues ostenta un neto dominio del lenguaje renacentista, plenamente consolidado. Reproduce, no obstante, el  esquema compositivo, con el arco inferior presidido por un escudo en la clave, y un grupo de tres ventanas en la coronación, enmarcadas con un programa decorativo de estilo toscano, el más adusto entre los órdenes clasicistas. En el medio, un balcón rematado por un frontispicio triangular y flanqueado por otros dos escudos.
Al  incendio de 1097 sólo sobrevivieron los dos torreones y algunas piezas singulares. En la reconstrucción, el arquitecto Juan C. Torbado siguió dos estrategias completamente diferentes. En la fachada a la calle Ancha levantó un nuevo cuerpo central, con muro de fábrica de ladrillo a cara vista y disposición vertical, que contrasta abiertamente con sus escoltas laterales, a los que se equipara en altura, desfigurando su naturaleza original, de elementos sobresalientes que ahora quedan empequeñecidos.
Paradójicamente, Torbado recrea algunas características de la fachada principal en la secundaria, a la calle del Cid, aunque la escasa latitud de este vial no facilita precisamente una contemplación completa de la totalidad del alzado. Aquí opta por reproducir los balcones de la planta noble,  también dotados de guardapolvos en forma de frontispicio, e inserta todo el programa heráldico que, si se respetara la voluntad de los promotores iniciales, debieran lucir en las zonas más conspicuas del inmueble.
En tales incoherencias se adivinan las convicciones historicistas de Torbado, probablemente sacrificadas por mor de intereses económicos en el diseño de la fachada a la calle Ancha.

Bibliografía

E. ALGORRI GARCÍA; R. CAÑAS APARICIO; F. J. GONZÁLEZ PÉREZ: León. Casco Antiguo y Ensanche. Guía de Arquitectura, Colegio Oficial de Arquitectos de León, León, 2000, pp. 56-57.
 

E. MORÁIS VALLEJO, Mª D. CAMPOS SÁNCHEZ-BORDONA: Arquitectura y patrimonio: edificios civiles de la ciudad de León en la Edad Moderna, Universidad de León y Ayuntamiento de León, León,  2007, pp. 209-221.