JUZGADOS

Promotor/es: 
Ministerio de Justicia
Fecha del proyecto: 
1985
Presupuesto: 
470.655.802 ptas
Avda. Ingeniero Sáenz de Miera Nº 4
JUZGADOS
Fachada a la Avda. Ingeniero Sáenz de Miera
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Introducción

El edificio se ubica en la franja entre la línea ferroviaria y el río Bernesga que, desde el encauzamiento del curso fluvial en los años 50 del siglo XX se fue utilizando para albergar toda clase  de equipamientos públicos. La sede de los Juzgados fue el penúltimo de éstos -la operación se completó con el campo de fútbol-, construido en una parcela que en los años 60 se había reservado con la perspectiva de un frustrado Instituto del Carbón, otra de las múltiples e infructuosas iniciativas para compensar con instituciones administrativas la carencia de un pulso económico dinámico.
Los autores del proyecto son arquitectos relacionados con la Escuela de Arquitectura de Valladolid, encabezados por Leopoldo Uría -más tarde Director de la misma-, que ya en 1975 había dejado patente su posición de liderazgo ideológico en la arquitectura vallisoletana con la publicación en la entonces influyente revista Arquitecturas bis (nº 7) de un artículo sobre la evolución de esa ciudad con el título “De granero al garaje, lo que va del Herrera al erreocho”.  
En el momento de la redacción del proyecto, el llamado post-modernismo regía en la Escuela de Valladolid con un rigor doctrinal omnímodo, de corte casi soviético, que abarcaba por igual a profesores y alumnos.

Descripción y análisis

La parcela es un rectángulo, ligeramente trapezoidal, de 72-73 m de largo en la dirección NS y 62-71 m en la perpendicular (EO) con una superficie total de 4.821,25 m2. El edificio proyectado sumaba una superficie construida de 9.429 m2 en las 4 plantas sobre rasante más 3.003 en el sótano para un programa funcional de 22 juzgados y otro de guardia.
Los proyectistas barajaron tres opciones: edificio lineal, “en torre” (6 plantas) o en U, con 4 plantas y dejando libre la parte trasera de la parcela, que fue la elegida, probablemente porque, aparte de otros factores, era la que mejor se adaptaba a las preferencias estilísticas pues esa altura se acomoda muy bien a una composición de inspiración neoclasicista. Bien es cierto que también  sirve para establecer una transición gradual entre la manzana residencial (7 plantas) contigua por el norte y el parque de bomberos aunque su volumen queda un poco bajo en las visiones panorámicas, parcialmente tapado por el arbolado que guarece la acera opuesta.
Funcionalmente el edificio se estructura a partir de la unidad del juzgado tipo, constituida por la sala de vistas que se complementa con dos dependencias para detenidos (dotada de ascensor propio) y  testigos, más una orla de despachos y zonas administrativas y de archivo, con una superficie útil de 125 m2. El sótano se destina a estacionamiento, archivos e instalaciones, calabozos y vivienda del agente judicial.
En la memoria del proyecto sus autores manifiestan la voluntad de obtener un resultado “funcional y representativo”. Este último propósito icónico se advierte claramente en el carácter del edificio que ostenta numerosos rasgos de un Palacio de Justicia. Por ejemplo, el frontispicio en la fachada principal, aunque se formalice con un atípico paño acristalado, o el acceso ritual que arranca de una escalinata, pasa debajo del lucernario triangular para llegar a un vestíbulo en doble altura rematado con una escalera imperial. También el recurso a un revestimiento “noble” a base de sillarejo de piedra de Villamayor (Salamanca) con un espesor de 12 cm aunque, para conciliar esta fábrica clásica con una imagen de modernidad, las carpinterías de los grandes vanos se enrasan a haces con el paramento exterior.
De acuerdo con esos postulados, la fachada principal se dispone bajo un principio de doble simetría (general y parcial de cada lado) que ordena la posición de los huecos, de dos tamaños y proporción similar, cerrados con ventanas de un tamaño muy grande y factura esmerada que, no obstante, resultan  difíciles de maniobrar y carecen de dispositivos de oscurecimiento y protección solar. Esta composición ultra-simétrica se compadecería mejor con una contemplación frontal que el entorno no facilita puesto que las vistas habituales son en escorzo.
Los alzados laterales mantienen matizadamente los mismos principios geométricos y están presididos de sendos accesos secundarios tratados con una escala monumental. Los faldones de la cubierta, que son visibles desde la calle, están revestidos con chapa metálica lacada en color verde, solución que se me antoja un remedo del cobre que por aquel entonces era un material muy preciado por los arquitectos post-modernistas. 
El carácter del interior dimana de la decisión de alojar conjuntamente un programa mixto (oficinas y salas de audiencia) dentro de un mismo soporte con un esqueleto estructural convencional y altura libre de 3,17 m. Con estas condiciones las salas resultan desangeladas, por no decir deprimentes, sin luz natural y unas proporciones que no son ni icónicas, como representación de la solemnidad de la justicia, ni domésticas al modo de la arquitectura escandinava que confiere a los edificios institucionales un ambiente donde el ciudadano se sienta cómodo. A su vez, el carácter claustrofóbico de las salas de espera ha desplazado esta función a los pasillos generando una convivencia de usos excesivamente animada por momentos.
En el siglo XXI se ha construido una ampliación en la zona trasera de la parcela con un ala que cierra la U, conformando un patio interior. Este añadido mantiene el revestimiento pétreo -con un grueso menor, de aplacado- aunque recurre a otro lenguaje compositivo. En la esquina NO el nuevo volumen se complementa con una marquesina innecesariamente aparatosa y que no alcanza a articular de manera satisfactoria el ensamble entre los distintos volúmenes del conjunto.

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Hoy por hoy León (19.04.2018)