EDIFICIO GRAN VÍA DE S. MARCOS nº 57

Promotor/es: 
Manuel Ochando González, Luis Aparicio Guisasola
Aparejador/es: 
Rutilio Fernández LLamazares
Presupuesto: 
1.487.250 ptas
Gran Vía de San Marcos nº 57
C/ Juan de Badajoz
EDIFICIO GRAN VÍA DE S. MARCOS nº 57
Fachada al chaflán
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Introducción

Los edificios no se conciben en el vacío. Al igual que para la práctica totalidad de las actividades creativas, casi todo arranca de un sustrato compartido. La innovación total está al alcance de muy pocos y precisa un contexto excepcional. Los oportunistas plagian, los torpes copian, la mayoría  recrea -unos mejor que otros- y una minoría muy reducida inventa.
En el campo de la arquitectura, la reproducción no es un pecado. Todo lo contrario; los entornos urbanos armónicos habitualmente son producto del respeto a unos rasgos invariantes que se repiten sistemáticamente. Yendo al ámbito individual, los arquitectos suelen forjar su carrera mediante la consolidación de un estilo o modo de hacer propio, que lo distingue de los demás, basado en la continuidad de algunas características concretas.
Once años después de firmar el proyecto de “La Perrona”, Luis Aparicio replica su planta. Y lo hace para un edificio que él mismo promueve. ¿Pereza o tenacidad? Probablemente, ambas.

Descripción y análisis

La parcela tiene el tamaño (546 m2) y la forma estándar de las intersecciones en esta zona del Ensanche, con un frente de fachada al chaflán de 16,7 m y dos laterales de 13.
El edificio levanta 6 niveles sobre rasante y se dedica en su totalidad a uso residencial salvo los locales comerciales. La organización en planta reproduce el esquema ensayado por el arquitecto en el edificio llamado “La Perrona”: simétrico respecto de la mediatriz del chaflán, en torno a un patio interior y con dos núcleos de escalera y ascensor, colocando el de servicio en la esquina trasera.
Las viviendas, dos por planta, son grandes, de ocho o nueve habitaciones más cocina, despensa, ropero y dos cuartos de baño. Al igual que en su precedente, la distribución se articula a lo largo de un interminable pasillo que circunvala el patio con la ventaja de que la mayor longitud del chaflán permite a las estancias de esta zona gozar de una disposición más ordenada.
Los alzados están concebidos según la moda historicista del momento, con una composición vertical en la que destacan tres cuerpos de miradores en voladizo, uno en el eje de cada plano de fachada, coronados por unos frontispicios mixtilíneos resaltados con pináculos. Como en la mayoría de las casas de Aparicio de esa década, el vano predomina sobre el macizo que, por otra parte, recibe un tratamiento cuidadoso con paños de ladrillo a cara vista flanqueando las ventanas y una especie de guirnaldas simplificadas que decoran los antepechos. Completa el general aspecto suntuoso un peto abalaustrado, que esconde los faldones de teja árabe, y la puerta principal en arco de medio punto.
Constructivamente, el edificio muestra el elenco característico de la posguerra: muros de carga de ladrillo, forjados de tipo “autárquico” -también llamado “ferroladrillo”, estructura de la cubierta de madera de chopo, escaleras de bóveda de ladrillo, fachadas enfoscadas y revocadas con estuco “a la catalana” y carpinterías de chopo pintadas al óleo en tres manos, para disimular la humildad de la materia prima.
A pesar de las penurias, el comportamiento del parque inmueble levantado en aquella época aciaga demuestra que el sector de la construcción disponía de un sentido del oficio capaz de sobreponerse a circunstancias muy adversas.

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Hoy por hoy León (21.01.2021)