COMPLEJO SAN AGUSTÍN

Promotor/es: 
Residencial Delta SA
Fecha del proyecto: 
1976
Plaza de la Inmaculada nº 1; Gran Vía de San Marcos nº 19, 21 y 23; C/ San Agustín nº 2 y 4; C/ Alférez Provisional nº 2
COMPLEJO SAN AGUSTÍN
Fachada a Gran Vía de San Marcos
  • COMPLEJO SAN AGUSTÍN
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Introducción

Tanto por su desmesura como por el historial del expediente de licencia municipal, este edificio ejemplifica los estertores urbanísticos del franquismo, más duraderos que el dictador.
En 1981 se aprobó el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de León que suponía la aplicación, por fin, de la Ley del Suelo en una ciudad donde los propietarios de terrenos contaban con múltiples palancas para defender sus aspiraciones de beneficio alto, rápido y sin inversiones previas. En este contexto, entre 1975 y 1980, se desencadenó una desenfrenada actividad inmobiliaria, centrada en la construcción de edificios residenciales aprovechando solares del Ensanche resultantes de la demolición de colegios, cines y toda clase de establecimientos comerciales o industriales. 
En este caso se trataba del colegio de los Agustinos, que ocupaba toda una manzana en un emplazamiento muy apetecible. Sería la mentalidad de la época, sería la estampa del edificio, un tanto siniestra, su desaparición no generó ninguna polémica pública.
La construcción del conjunto residencial ya fue otra cosa, aunque la sangre no llegó al río.
Algunos ciudadanos enviaron al Ayuntamiento propuestas más o menos imaginativas, el director del equipo redactor del PGOU emitió el 30 de diciembre de 1977 un fundamentado informe, que terminaba con la recomendación de suspender inmediatamente toda licencia en esa manzana, y un mes después pedían lo mismo representantes del incipiente PSOE local. 
No sirvieron de mucho esas iniciativas porque la Comisión Municipal Permanente otorgó la licencia el 13 de marzo de 1978, poniendo término a un trámite que, por momentos, se convirtió en una risible partida de ping-pong entre el Ayuntamiento y la Comisión Provincial de Urbanismo, dependiente del Ministerio de Vivienda, pues cada parte pretendía que el otro tomara la decisión. Destaca entre los papeles generados por ese episodio, alguna acta de la Comisión Municipal donde este órgano se esfuerza en justificar que ha perdido las atribuciones sobre el asunto, en un llamativo, por no decir ridículo, ejercicio de dimisión voluntaria que contrasta con el celo habitual de las instituciones en la preservación de sus competencias. Dicho en román paladino: nadie quería mojarse y a río revuelto, ganancia de los propietarios de la parcela y de la sociedad promotora, agraciados con un premio gordo, poco repartido.

Descripción y análisis

La parcela tiene una superficie de 4.750 m2 y forma de triángulo isósceles con el vértice a la plaza Circular achaflanado. El edificio alberga 518 plazas de estacionamiento en cuatro sótanos, casi 13.000 m2 de locales comerciales y oficinas y 204 viviendas, sumando una superficie construida sobre rasante de 42.061 m2, que arroja un índice de edificabilidad de 8,83 m2/m2, cuando ese parámetro difícilmente supera el valor de 4,0, incluso en las zonas más densificadas.
Con esas cifras, no hay más opción que un volumen macizo horadado por una docena  de pequeños patios hexagonales, que no merecen la calificación "de luces", y uno central, no más generoso, desarrollado en tres brazos. Con esta disposición se persigue el objetivo de obtener el mayor número de viviendas posible, disponiendo en torno a esos patios las cocinas, de superficie muy ajustada y forma irregular, y dormitorios condenados a la familiaridad forzada con el vecino.
El centro de la planta baja está ocupado por la iglesia parroquial que sustituyó a la del colegio, caracterizada por su forma triangular y la configuración del suelo, ligeramente descendente hacia el altar; solución heterodoxa respecto de las normas litúrgicas. En su techo, una estructura espacial de barras de acero intenta, sin éxito, redimir a este espacio de unas  proporciones desdichadas. Aunque la capacidad es limitada, el acceso, desde una acera estrecha y muy concurrida, resulta claramente insuficiente, sobre todo a la salida.
Para sacar el máximo de beneficio a la planta baja se abrió un sórdido pasaje entre la calle San Agustín y la Vía de San Marcos. También se llevaron los portales a la entreplanta, conectados con la calle sólo mediante una escalera, barrera arquitectónica que con la perspectiva actual se antoja completamente insensata, posteriormente complementada con  ascensores pagados por los vecinos
Las fachadas no carecen de intención arquitectónica, basada en la agrupación de los vanos en franjas horizontales con el propósito de obtener una imagen abstracta que lamentablemente resta luz natural a las dependencias que vierten al exterior de viviendas no sobradas precisamente de ese factor.
Toda esta colección de lacras, no obedece a la dejadez del autor del proyecto pues, entre otros indicios, los planos son minuciosos y detallados. Sin embargo, como demuestra este caso particular, la calidad arquitectónica precisa como condición imprescindible, aunque no suficiente, que los beneficiarios económicos más directos de la iniciativa -propietario de suelo y promotor- no estén cegados por el ansia de lucro.