COLEGIO SAGRADO CORAZÓN

Arquitecto/s: 
Promotor/es: 
Compañía de Jesús
Aparejador/es: 
Mariano González Flórez
Fecha del proyecto: 
1956
Presupuesto: 
7.100.000 ptas
Avda. Los Jesuitas nº 12
COLEGIO SAGRADO CORAZÓN
Fachada frontal cuerpo central)
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Introducción

Con este colegio, Cañas del Río cierra la trilogía de grandes complejos educativos promovidos por congregaciones religiosas durante el período de autarquía. Y no lo hace con brillantez, porque se trata del proyecto menos afortunado, tanto por su planteamiento general como por distintas vicisitudes que lo cercenaron en buena medida.
En la década siguiente el estudio de Cañas construirá más colegios religiosos, ya bajo otros presupuestos arquitectónicos, muy diferentes, en los que se adivina la autoría del sucesor, Ramón Cañas Represa.
El pago de las tasas municipales inherentes a la licencia de obras suscitó desavenencias entre el Ayuntamiento y los Jesuitas, que pretendían acogerse a un supuesto de exención contenido en el Concordato, saldadas finalmente con un acuerdo denegatorio de tal pretensión tras un recurso y varios informes jurídicos.
El edificio se levantó en una enorme finca, bautizada como “La Babilonia” que se extendía a uno y otro lado del llamado Camino del Cuco, llegando por el lado occidental hasta el ferrocarril de vía estrecha. Tenía una superficie mucho mayor que la ocupada por los usos docentes y durante 25 años mantuvo un aprovechamiento agropecuario -vaquería incluida-, en plena sintonía con el entorno pues hasta la construcción de los primeros edificios del campus universitario, el paisaje era netamente rural, surcado por presas de riego, con pastizales, prados y arboledas entre tupidas sebes de zarzas y paleras.
En este bucólico paraje emergía el colegio de los Jesuitas como un paquebote hierático e insólito, escoltado en la lejanía por el ampuloso edificio de la Asunción que para los alumnos del primero, en aquellas épocas de enseñanza segregada y represión de la sexualidad, representaba metafóricamente el deseado, misterioso e inalcanzable universo femenino.

Descripción y análisis

El proyecto reincide, como en los Maristas, en el esquema en H aunque en este caso el cuerpo central no concentra los elementos más simbólicos, y las dos alas laterales adquieren un desarrollo muy prolongado, delimitando un amplio patio que sorprendentemente mira hacia al Norte, expuesto al frío siberiano que en el inclemente invierno leonés barre la vega del Torío. Esta disposición, con el eje principal  de simetría en la dirección N-S y la mayor parte del complejo volcado hacia la orientación más gélida no se comprende porque las dimensiones de la finca ofrecían múltiples posibilidades, mejor adaptadas a los condicionantes climáticos.
Partiendo de una capacidad de 600 alumnos, el programa funcional sigue la pauta de tres usos -colegio, internado y residencia de la comunidad- bajo el mismo techo.
Esta diversidad funcional se articula verticalmente mediante la estratificación por plantas: colegio  en semisótano y planta baja, internado en la primera, con dormitorios colectivos que suman 294 plazas más 13 habitaciones individuales para preuniversitarios, y la comunidad arriba del todo, desglosada  en 56 celdas y sus correspondientes aseos comunes, capilla particular y en el ático las habitaciones de los cargos directivos, un poco más grandes aunque sin mayores lujos.
Las plantas están organizadas a partir de un esquema de dos crujías desiguales, de 8,0 y 3,0 m de luces respectivas, que se adapta razonablemente bien a la zona docente, con aulas de capacidades entre 32 y 80 pupitres que llegan a 170 en la sala de estudios, y un pasillo lateral. Sin embargo, para los usos restantes funciona mucho peor, particularmente en las dependencias de reunión colectiva, como el salón de actos, de 316 asientos, en las que irrumpe una inconveniente fila de pilares impidiendo la visión diáfana.
La cosa fue a peor durante la obra pues la planta bajo rasante se enterró más de lo previsto y,  probablemente por motivos económicos, se acortaron las alas laterales, como demuestran todavía hoy sendos hastiales ciegos, lo cual supuso una reducción general y el empaquetamiento del programa funcional irrenunciable de un modo poco ordenado.
Los alzados no son nada del otro mundo, compuestos a partir de la clásica división tripartita y pauta de que los ventanales de las aulas se convierten en dos ventanas convencionales en la planta superior, de carácter residencial. La fachada del cuerpo central también se simplificó, eliminándose una escalera imperial ornamentada con una escultura de un sacerdote en postura de oración, aunque se mantuvo el recercado de las ventanas en punta de diamante que confiere a este lienzo una nota distintiva dentro de un marco general más bien anodino.
El vestíbulo de recepción conserva varios elementos novedosos que en la década de los 50 del siglo XX transmitían un tono de modernidad como el pavimento de terrazo in situ de colores vivos, adornado con un motivo heráldico de diseño esquemático, los tabiques de vidrio moldeado o las puertas sin marco de vidrio traslúcido y tiradores troncopiramidales.