COLEGIO S. JUAN DE LA CRUZ

Promotor/es: 
Carmelitas Descalzos
Aparejador/es: 
Mariano González Flórez
Fecha del proyecto: 
1965
Presupuesto: 
14.917.851,08 ptas
C/ Daoiz y Velarde nº 50
COLEGIO S. JUAN DE LA CRUZ
Fachada interior
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Introducción

Aunque ambos Cañas lo firman, el proyecto tiene la autoría inequívoca de Cañas Represa que, al menos por lo que se trasluce de este encargo, ejercía la plena dirección del estudio fundado por su padre.
Fundamenta esta aseveración el absoluto cambio conceptual respecto de los colegios religiosos que Cañas del Río había proyectado en las dos décadas anteriores. Frente al énfasis simbólico de los precedentes, templos del saber y de la formación moral y religiosa, ahora se impone un funcionalismo pragmático que atiende principalmente a la utilidad, con el aditamento de un ropaje estilístico que rehuye deliberadamente el ornamento y busca la simplicidad.
Del mismo modo, se abandona la idea de globalidad que incorpora distintos usos dentro de una envolvente rígidamente unitaria por un modelo basado en la descomposición del conjunto en distintos pabellones de vocación especializada. Es decir, se pasa de la caja que por forma y tamaño es capaz de albergar múltiples funciones al ensamble de una colección de estuches, cada uno de ellos destinado a satisfacer un cometido concreto.
Un giro similar se da en los alzados, e incluso en la representación gráfica de los planos, dibujados con unos códigos depuradamente esquemáticos que probablemente se atragantaran a los delineantes del estudio más habituados a la prolijidad realista del historicismo cultivado por Cañas padre.
En suma, nos encontramos ante la nueva arquitectura escolar de la España del desarrollismo, con sus virtudes y sus lacras, que también las tuvo, principalmente derivadas de la metamorfosis que experimentó el sector de la construcción en esta época de crecimiento desaforado.

Descripción y análisis

A partir de una muy buena parcela, rectangular -salvo un mordisco en una esquina- horizontal y con una superficie de 8.610 m2, el volumen construido se coloca alineado con los dos lados que miran al norte, formado una especie de pantalla que resguarda el amplio patio de 6.400 m2.
El edificio está descompuesto en cinco cuerpos con forma de paralelepípedo que totalizan una superficie sobre rasante de 4.468 m2, dedicados respectivamente a administración, capilla, gimnasio, aulas, y residencia de la comunidad. Estos dos últimos son los que conforman el núcleo principal del conjunto con tres niveles y una planta en forma de Z, situándose las escaleras, una para cada pabellón, espalda contra espalda, justo en el quiebro. A este volumen se adosan los tres cuerpos restantes, exclusivamente en planta baja.
Los tres pisos del pabellón docente son idénticos, con las aulas -de 53 m2 para 40 alumnos-  en fila, orientadas hacia el sur y servidas por un pasillo lateral de 2,5 m de ancho. En contra de lo que cabría suponer, la estructura portante no acompaña este esquema sino que se organiza mediante pórticos en la dirección transversal, coincidentes con los tabiques de separación, lo cual permite la reducción de las luces de las vigas pero plantea el problema de que condiciona excesivamente, por no decir que impide, cualquier tipo de remodelación.
Por su parte el pabellón de la residencia se resuelve con una crujía única que admite diferentes  modalidades de distribución, de pasillo central y dependencias a los lados en las plantas altas o de encadenamiento en la baja. Ademas de 26 celdas en su programa funcional destaca un pequeño oratorio con doce altares a fin de facilitar el cumplimiento individual de las reglas litúrgicas.
La capilla, de nave única, tiene una capacidad para 392 fieles sentados y cuenta con un acceso directo desde el exterior para permitir un uso independiente.
El gimnasio totaliza 308 m2 dividido, casi a partes iguales entre una sala diáfana de 5 m de altura libre y un núcleo de aseos, duchas y vestuarios. Visto hoy parece raquítico pero en 1965 representaba una moderna dotación para una materia -la educación física- poco reconocida.
El principio de composición por adición de elementos autónomos también se hace extensivo a los alzados, resueltos con recursos de genealogía neoplasticista, a base de lienzos acristalados, o paños ciegos de ladrillo a cara vista, enmarcados con franjas revocadas -horizontales o verticales- que hacen patente la estructura portante. El volumen de la capilla denota su singularidad con un tratamiento diferente, de alternancia de columnas de macizos y vanos. Algo parecido sucedía en el gimnasio, hoy revestido con un aparatoso aplacado de color sangre, excesivamente contrastado con las demás partes del conjunto pero, a la vez, demostrativo de que esta clase de arquitectura recibe el cambio con naturalidad.